La primera revisión con el ortodoncista conviene hacerla alrededor de los 6 o 7 años, cuando asoman los primeros dientes permanentes. A esa edad la mayoría de los niños todavía no necesita aparato, y ahí está el valor de la visita: permite ver cómo se desarrollan los maxilares mientras queda margen para guiar ese crecimiento.
Muchos padres piden cita cuando ya ven los dientes torcidos, con nueve o diez años. Adelantarse abre opciones que después se cierran: un paladar estrecho a los siete años se corrige con un aparato sencillo en pocos meses, mientras que a los quince, con el hueso ya soldado, exige soluciones mucho más complejas.
En Clínica ZEO, clínica dental en Las Rozas, el diagnóstico y la supervisión de los tratamientos de ortodoncia infantil los realiza la Dra. Fabiola Rodriguez, doctora en Odontología, especialista en ortodoncia y en odontopediatría. Ese doble perfil importa a los siete años: hay que leer el diente que está saliendo y el hueso que lo sostendrá.
A qué edad hacer la primera revisión con el ortodoncista
Las sociedades científicas de ortodoncia coinciden en situar la primera revisión de ortodoncia en torno a los 7 años, por un motivo biológico: a esa edad conviven dientes de leche y definitivos, ya han salido los incisivos centrales y los primeros molares permanentes, y esa combinación ofrece información que antes no existe.
En esa cita el ortodoncista valora cosas que no se ven a simple vista:
- La relación entre el maxilar superior y la mandíbula, es decir, si uno crece adelantado o retrasado respecto al otro.
- El ancho del paladar y si hay espacio suficiente para los dientes permanentes que están por salir.
- La mordida: si los dientes superiores encajan por fuera de los inferiores como corresponde, o si hay mordida cruzada, abierta o sobremordida.
- Los hábitos que estén deformando el crecimiento, junto con el patrón respiratorio del niño.
- La erupción dentaria, con radiografía panorámica cuando está indicada, para comprobar que todas las piezas están presentes y bien orientadas.
Conviene aclarar algo: pedir una valoración a los 6 o 7 años rara vez termina en un aparato colocado ese mismo mes. En buena parte de los casos la conclusión es que todo va bien y basta con revisar en un año. Muchas familias de Las Rozas llegan derivadas por su odontopediatra o su pediatra, que detecta una mordida cruzada o una respiración por la boca en una revisión rutinaria.
Señales y hábitos que los padres pueden vigilar en casa
Hay indicios que se detectan en casa, sin formación clínica. Estos son los que con más frecuencia acaban confirmando un problema de desarrollo maxilar:
- Respiración por la boca. Un niño que duerme con la boca abierta, ronca o se despierta con la boca seca puede estar respirando de forma habitual por la boca. Eso altera la posición de la lengua y, con el tiempo, la forma del paladar. Merece valoración del ortodoncista y a menudo del otorrinolaringólogo.
- Chuparse el dedo o usar chupete más allá de los 3 años. La presión repetida empuja los incisivos hacia adelante y estrecha el paladar. Cuanto más se prolonga el hábito tras la salida de los permanentes, más probable es que deje huella.
- Pérdida prematura de dientes de leche. El diente temporal reserva el espacio de su sucesor. Si se pierde por una caries o un golpe, los vecinos se desplazan y ocupan el hueco. A veces basta un mantenedor de espacio para evitar un apiñamiento posterior.
- Dientes que no encajan al morder. Si los de arriba muerden por dentro de los de abajo, si queda un hueco entre arcadas o si el niño desvía la mandíbula para masticar, hay motivo para consultar.
- Dificultades al masticar o pronunciar. Un ceceo persistente, problemas para cortar alimentos con los incisivos o masticar siempre del mismo lado suelen tener explicación en la mordida.
- Apiñamiento evidente o dientes que erupcionan fuera de la línea de la arcada.
Ninguna de estas señales es un diagnóstico por sí sola. Indican el momento de pedir valoración con un ortodoncista para niños, que sabrá distinguir una variación normal del crecimiento de algo tratable.

Ortodoncia interceptiva y ortodoncia correctiva
La ortodoncia interceptiva se aplica entre los 6 y los 10 años, mientras el niño crece y las suturas del hueso maxilar permanecen abiertas. Su objetivo va más allá de los dientes: trabaja sobre la forma y el tamaño de los huesos que los sostienen. Permite ensanchar un paladar estrecho, corregir una mordida cruzada, redirigir el crecimiento de la mandíbula, frenar el efecto de un hábito y crear espacio para los dientes definitivos.
Esa ventana de oportunidad se cierra. Un expansor palatino consigue en un niño de ocho años, en cuestión de semanas, una separación del hueso que en un adolescente de dieciséis ya requiere cirugía.
La ortodoncia correctiva llega a partir de los 11 o 12 años, cuando ya han salido todos los dientes permanentes. Se ocupa de la posición final de cada pieza: alinearlas, cerrar espacios y ajustar la mordida. Es la fase que la mayoría tiene en mente al pensar en ortodoncia.
Conviene ser honestos con las expectativas: una fase interceptiva bien planteada no garantiza que el niño se libre del aparato en la adolescencia. Suele conseguir que ese segundo tratamiento sea más corto y predecible, con menos riesgo de extracciones de dientes permanentes o de cirugía ortognática en la edad adulta.
Tipos de aparatos para los más pequeños
El aparato se elige según lo que haya que corregir en cada caso. Los más habituales en la fase infantil:
- Expansor palatino o disyuntor. El más usado en ortodoncia interceptiva. Se fija a los molares superiores y ensancha el paladar de forma gradual, aprovechando que la sutura media aún no está osificada.
- Placas removibles. El niño se las pone y se las quita. Sirven para movimientos concretos, para ganar espacio o para corregir hábitos como la interposición lingual.
- Mantenedores de espacio. Guardan el hueco de un diente de leche perdido antes de tiempo hasta que llega el definitivo.
- Aparatos funcionales. Aprovechan el crecimiento del niño para corregir desajustes esqueléticos entre maxilar y mandíbula.
- Brackets parciales. Solo en algunos dientes, casi siempre los incisivos, para resolver un problema localizado sin tratar toda la boca.
- Alineadores transparentes infantiles. Las principales marcas tienen versiones para dentición mixta, con espacio previsto para los dientes que aún deben salir. Exigen que el niño los lleve las horas pautadas, y ese factor pesa en la decisión.
Todas estas opciones forman parte del abanico de tratamientos que ofrecemos a las familias de Las Rozas, donde la ortodoncia se coordina con la odontopediatría, la prevención de caries y el resto de la salud bucodental de la casa.
Un apunte para los padres que acompañan a sus hijos: en esa misma cita suele aparecer la pregunta sobre la propia sonrisa. Los adultos cuentan hoy con la ortodoncia invisible para adultos, con alineadores que apenas se notan en el trabajo. Si lo que te frena es el presupuesto, aquí desglosamos qué determina el precio de la ortodoncia invisible.
Duración del tratamiento y seguimiento
Una fase interceptiva dura entre 6 y 18 meses, según el objetivo. Después llega un periodo de observación, con revisiones cada seis o doce meses, en el que se acompaña el recambio dentario sin aparato en la boca. La fase correctiva posterior, cuando hace falta, se mueve entre los 12 y los 24 meses.
Al terminar empieza la retención, con retenedores que estabilizan el resultado mientras el niño sigue creciendo. Los dientes recién colocados vuelven a su posición anterior si no se sujetan. El plan concreto y su duración estimada se entregan por escrito tras el estudio inicial.
Preguntas frecuentes de los padres
¿Con 6 o 7 años no es demasiado pronto para llevarlo al ortodoncista? Es la edad recomendada para la primera valoración, y valorar no implica tratar. En la mayoría de esas revisiones la indicación es volver a controlar en unos meses. Cuando sí aparece algo, detectarlo a tiempo ahorra años de tratamiento después.
¿Cómo sé si mi hijo necesita ortodoncia? Vigila si duerme con la boca abierta o ronca, si se chupa el dedo pasados los 3 años, si ha perdido dientes de leche antes de tiempo o si desvía la mandíbula al masticar. Cualquiera de esos indicios justifica una valoración, aunque el diagnóstico requiere exploración clínica con radiografías.
¿Qué hace exactamente la ortodoncia interceptiva? Actúa sobre el hueso mientras el niño crece, en lugar de limitarse a mover dientes: ensancha paladares estrechos, corrige mordidas cruzadas y genera espacio para los definitivos, aprovechando una ventana biológica que se cierra al terminar el desarrollo.
¿Existen alineadores invisibles para niños? Sí. Hay alineadores transparentes diseñados para dentición mixta, con hueco previsto para los dientes por erupcionar. Funcionan en casos seleccionados y con un niño que cumpla las horas de uso. La Dra. Rodriguez valora si esta opción encaja o si conviene un aparato fijo.
Trae a tu hijo a su primera revisión de ortodoncia
Si tu hijo tiene entre 6 y 8 años y todavía no lo ha visto un ortodoncista, esa cita es el mejor momento del que vas a disponer. Detectar a tiempo un paladar estrecho, una mordida cruzada o un hábito que deforma el crecimiento convierte tratamientos largos en correcciones de pocos meses.
En Clínica ZEO valoramos a tu hijo sin compromiso, te explicamos con imágenes qué vemos en su boca y, si no hay nada que tratar, te lo decimos. Pide cita y ven a conocernos en Las Rozas.

La Dra. Fabiola Rodriguez es Doctora en Odontología y basa su práctica en la Clínica Dental ZEO en una filosofía de medicina humanista centrada en el paciente. Con una trayectoria multidisciplinar e internacional de más de 20 años, es Máster en Prótesis Bucofacial (UCM), Especialista en Odontopediatría y experta en Ortodoncia Invisible, ostentando la máxima categoría clínica como Invisalign Platinum Provider. Su absoluto rigor médico y compromiso con la salud bucodental integral están avalados por su activa pertenencia a la SEDO, SEOP y SEDA.

